La herencia colonial
La herencia colonial
El liberalismo
español marcó un precedente en abril de 1820, mediante un edicto real que
prescribía la instrucción cívica a partir de la enseñanza de la Constitución
liberal de 1812, restablecida en marzo de aquel año. Así, los profesores
utilizaron la carta magna como libro de texto para enseñar a leer y escribir.
Este edicto llegó a la Nueva España en agosto, de modo que, en todo el reino
español, se formó a los niños en torno a los valores políticos liberales.
Consumada la
independencia en 1821, el gobierno imperial de Agustín de Iturbide también
procuró la formación de los nuevos ciudadanos mexicanos: mantuvo las escuelas
existentes y mandó hacer un catecismo político. Con el establecimiento del
régimen republicano en 1824, en el artículo quinto de la Constitución política
se delegó a los estados el fomento de la educación.

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